Defensa · Tecnología antidrones Durante décadas, los láseres de combate fueron ciencia ficción de presupuesto militar. La noche del 25 al 26 de agosto de 2026 dejaron de serlo: el Ejército de EE.UU. usó uno, por primera vez de forma operativa, para derribar drones comerciales de mil dólares en la frontera con México. El Comando Norte de EE.UU. (NORTHCOM) neutralizó tres drones de vigilancia usados por traficantes cerca de Tamaulipas con el AMP-HEL, un láser táctico de 20 kW montado en vehículos ligeros. Es el primer uso confirmado de un arma de energía dirigida contra drones del crimen organizado, y marca un antes y un después en cómo se piensa la defensa antidrones a bajo costo. La noche del 25 al 26 de agosto de 2026, fuerzas estadounidenses desplegadas en la zona del Valle del Río Grande, frente a Tamaulipas, usaron un arma láser para derribar tres drones comerciales. No eran aeronaves militares ni de un ejército extranjero: eran cuadricópteros que traficantes de personas utilizaban para vigilar los movimientos de las autoridades a ambos lados de la frontera. La confirmación llegó por partida doble. El Comando Norte de Estados Unidos (NORTHCOM) y el Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (NORAD) reportaron el hecho el 28 de agosto, y un día después la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) de México lo confirmó a través de la Comandancia de la 8ª Zona Militar en Reynosa. Según el Mayor General Curtis Taylor, comandante de la fuerza de tarea a cargo, el operativo se enmarca en las “operaciones espejo” que ambos países mantienen desde febrero de 2025 para monitorear de forma coordinada el espacio aéreo fronterizo. El sistema se llama AMP-HEL (Army Multipurpose High Energy Laser) y no es un prototipo de laboratorio: es un láser de 20 kilowatts montado sobre vehículos ligeros todo terreno, pensado para moverse junto a las tropas en vez de operar como una instalación fija. Fue entregado a las fuerzas estadounidenses por el fabricante AeroVironment durante el verano de 2025, dentro de un programa conjunto de armas láser que ya recibió cerca de 847 millones de dólares en financiamiento para pasar de prototipo de demostración a sistema listo para el campo de batalla. Está clasificado como un sistema antiaéreo de corto alcance, diseñado específicamente contra drones Clase I y II —cuadricópteros pequeños y aeronaves de ala fija de uso comercial—, exactamente el tipo de equipo que hoy compran los cárteles para vigilancia. Un misil antiaéreo cuesta del orden de millones de dólares por disparo. Un dron comercial cuesta del orden de mil dólares. El AMP-HEL dispara con energía eléctrica y tiene, en palabras de los propios militares, “un cargador prácticamente ilimitado”. Contra un enjambre de drones baratos, esa diferencia de costo por intercepción es la que termina justificando toda la inversión en el sistema. Derribar un dron no siempre significa dispararle. La familia de tecnologías conocida como C-UAS (Counter-Unmanned Aircraft Systems, o contramedidas contra sistemas aéreos no tripulados) incluye varios enfoques, y cada uno resuelve un problema distinto. El jamming o interferencia de señal corta la comunicación entre el dron y su controlador, o bloquea el GPS, pero no sirve si el dron vuela de forma autónoma o preprogramada, y además puede interferir otras señales cercanas de forma no deseada. Las redes y los cañones de captura son efectivos a corta distancia, pero limitados en alcance y en la cantidad de blancos que pueden neutralizar en poco tiempo. Los sistemas kinéticos —misiles, munición antiaérea— funcionan, pero tienen un costo por disparo altísimo frente a un dron barato, y arriesgan generar metralla o restos que caigan sobre zonas pobladas. El láser resuelve varias de esas limitaciones a la vez: no depende de bloquear una señal (funciona igual contra un dron autónomo), tiene un costo por disparo mínimo una vez instalado el sistema, y al ser un haz de energía dirigida no deja fragmentos cayendo al suelo. Su límite real es el alcance y las condiciones climáticas —lluvia, niebla o polvo degradan su efectividad—, razón por la cual se integra como una capa más dentro de una defensa por niveles, junto a radares, jamming y, próximamente, drones interceptores. Este episodio no es un hecho aislado. En los últimos meses se han reportado múltiples incursiones de drones operados por organizaciones criminales en la frontera entre México y Estados Unidos, usados principalmente para vigilancia de rutas y movimientos de autoridades, aunque también han existido casos de drones armados o modificados en el lado mexicano. Que un ejército decida desplegar un arma de energía dirigida —tecnología reservada hasta hace poco para escenarios de guerra convencional— contra drones comerciales de mil dólares es una señal clara de hacia dónde va la amenaza: no son los ejércitos tradicionales los que más están normalizando el uso de drones para actividades ilícitas, sino actores no estatales con acceso cada vez más fácil a tecnología civil de bajo costo. Pese a la magnitud del anuncio, tanto el gabinete de seguridad mexicano como fuentes oficiales han sido enfáticos en aclarar que no existe una “guerra de drones” en la frontera, sino incidentes puntuales de vigilancia con equipos comerciales que se están respondiendo con protocolos de detección y neutralización cada vez más específicos. Chile no tiene, ni necesita por ahora, un programa de láseres antidrones. Pero el trasfondo regulatorio es el mismo que venimos siguiendo en esta sección: a medida que el uso de drones se masifica, tanto para fines legítimos como ilícitos, los organismos de control —en nuestro caso la DGAC— van a necesitar herramientas de detección y respuesta cada vez más sofisticadas, no solo reglas de vuelo en papel. La discusión sobre zonas restringidas, drones no cooperativos (sin transpondedor ni registro) y sistemas de detección ya está sobre la mesa en varios países de la región, y episodios como este en la frontera de México terminan empujando esas conversaciones también hacia el sur. Para cualquier piloto operando de forma legal, el mensaje de fondo es el mismo de siempre: volar dentro de la normativa, mantener el registro y la identificación al día, y evitar zonas restringidas no es solo una obligación legal, es lo que te distingue de un dron que termina siendo tratado como una amenaza. Es la primera vez confirmada que Estados Unidos usa un arma láser de forma operativa contra drones vinculados al crimen organizado. Existían pruebas y demostraciones previas de armas de energía dirigida contra drones en contextos militares, pero no un uso operativo confirmado contra este tipo de blanco. Es una clasificación militar por peso y tipo de aeronave no tripulada. Clase I agrupa los drones más pequeños (del tamaño de un cuadricóptero comercial), y Clase II a aeronaves algo mayores, incluyendo modelos de ala fija. Ambas categorías cubren la mayoría de los drones civiles y comerciales disponibles hoy en el mercado. Los casos reportados en este episodio corresponden a drones de vigilancia, usados para monitorear movimientos de autoridades. Sí se han documentado, en otros incidentes, drones modificados o con carga explosiva en contextos de disputa territorial entre organizaciones criminales, pero no es lo que ocurrió en este operativo puntual. No hay indicios de que esté en desarrollo un sistema de este tipo en Chile. Los sistemas de energía dirigida son costosos y responden a un contexto de amenaza específico en la frontera de EE.UU. Lo que sí es aplicable localmente es el enfoque de fondo: más capacidad de detección de drones no cooperativos, no solo más reglas de vuelo. Los sistemas como el AMP-HEL están diseñados para operar en zonas controladas y con protocolos de despeje de área, similares a los que se usan con armas convencionales. El riesgo relevante que se suele señalar es el de exposición ocular directa al haz, motivo por el cual su uso está restringido a personal entrenado y en escenarios delimitados. Porque el jamming depende de que el dron necesite recibir señal de su operador o de GPS en tiempo real. Un dron programado para volar una ruta fija de forma autónoma puede completar su misión de vigilancia sin depender de ninguna señal externa, por lo que el jamming simplemente no tiene nada que interferir. En los cursos de piloto RPA de Dronemedia revisamos no solo cómo volar, sino el marco normativo de la DGAC y las zonas restringidas que todo operador debe conocer. Somos operador aerocomercial certificado por la DGAC, AOC N° 1664. Fuentes Este artículo tiene carácter informativo y se basa en reportes de prensa y comunicados oficiales citados arriba. Los detalles técnicos y operativos pueden actualizarse a medida que las autoridades entreguen más información.¿Qué pasó exactamente?
El arma: AMP-HEL, un láser de 20 kW sobre ruedas
¿Por qué un láser y no otra contramedida?
El panorama C-UAS: así se derriba un dron hoy
Contramedida
Alcance típico
Limitación principal
Redes / cañón de captura
Corto (decenas de metros)
Un blanco a la vez, requiere cercanía
Jamming / interferencia GPS
Medio
Inútil contra drones autónomos o preprogramados
Sistema kinético (misil, munición)
Largo
Costo por disparo altísimo, riesgo de fragmentos
Láser de energía dirigida (AMP-HEL)
Corto-medio
Sensible al clima (lluvia, niebla, polvo)
Lo que revela sobre los drones del narco
¿Y en Chile?
Preguntas frecuentes
¿Es la primera vez que un ejército usa un láser contra drones?
¿Qué significa que un dron sea “Clase I o II”?
¿Los drones de los cárteles están armados?
¿Podría Chile usar tecnología antidrones similar?
¿Un láser antidrones es peligroso para aviones civiles o personas cerca?
¿Por qué no basta con interferir la señal del dron (jamming)?
Glosario
Entender el marco regulatorio, antes de que te alcance
EE.UU. usa por primera vez un láser para derribar drones de cárteles: así funciona la guerra antidrones
Respuesta corta
En este artículo
La cuenta que le importa a un ejército
No es “guerra de drones”, dicen las autoridades
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